Mide si tu web está lista para agentes de IA.

Los asistentes de IA pueden buscar y leer una web para orientar a una persona. Pon tu dirección y obtén una puntuación de 0 a 100 sobre las señales que les ayudan a encontrar tu información, entenderla e identificar cómo contactar.

POR QUÉ ESTAR LISTO

Que te entiendan
ayuda a que te elijan.

Cada vez más gente, en vez de recorrer una lista de webs, le pide a un asistente que le encuentre a alguien.

Si no te entienden, es más fácil que te pasen de largo

Dos tiendas en la misma calle venden lo mismo, pero en una se ven el horario, lo que hacen y el timbre. Cuando un asistente puede contar tu negocio sin titubear y el de al lado le queda a medias, es más fácil que te mencione a ti. No elige solo por eso: también cuentan las opiniones y dónde estás. Ser claro no te regala el cliente; le quita un motivo para llevárselo a otro.

También pueden hablar de ti… mal

Si le das a un camarero una carta borrosa, o improvisa o se equivoca de plato. Cuando un asistente no encuentra claro qué haces, para quién y en qué te distingues, tiende a rellenar los huecos. Puede mezclarte con otra empresa, atribuirte un servicio que no ofreces o explicarte peor de lo que eres. Una web fácil de leer no garantiza que te cuenten perfecto; sí deja menos espacio a la invención.

Te preguntan a deshora, cuando tú no estás

Mucha gente pregunta desde el sofá, antes incluso de pensar en llamar. «¿Quién puede ayudarme con esto?», «¿cómo se empieza?», «¿esto es para alguien como yo?». Si tu web lo dice con claridad, hay más posibilidades de que el asistente pueda usar esa información sin esperarte. No sustituye una conversación contigo. Es más bien dejar el mostrador ordenado: lo que haces, a quién sirves y cómo escribirte, visibles por si alguien pregunta a cualquier hora.

Que sepan quién eres no siempre basta

Que te mencionen sirve de poco si luego cuesta llamarte, escribirte o pedir cita. Es como un restaurante del que se oye hablar… y la puerta está detrás del almacén. El asistente también intenta ver cómo contactar. Si ese camino es un laberinto —botones que no se entienden, datos repartidos, un formulario imposible de encontrar— parte de la gente se irá a quien tenga la puerta más a la vista.